Identificar nuestras emociones y poder expresarlas es una cuestión vital para la sobreviviente física y social, por mucho tiempo se ha dado poca importancia a esta dimensión en la psicología pero al día de hoy sabemos que la comunicación intrapersonal es un signo de buena salud mental.
La actualidad con sus exigencias hacen que cada día dejemos las emociones de lado, y nos dediquemos a querer cumplir con las altas expectativas de éxito, aun sin tener bien claro ¿Qué es?, (Mestre y Palmero, 2004) y lleguemos a recurrir a un sin número de soluciones inmediatas para mitigar los efectos del estrés que este ritmo de vida nos provoca. Hasta llegar a una “Medicalización del sufrimiento” (Gómez y Salguero, 2007). Consecuencia de esto es que se han alcanzado en la población general una tasa de cierto relieve, en la prevalencia de diversos tipos de enfermedades psiquiátricos, algunas no encuadradas en la esfera de los enfermos psicosomáticos clásicos. Uno de estos padecimientos es la Alexitimia.
El neologismo “Alexitimia” es un vocablo de origen griego que significa etimológicamente “Ausencia de palabras para expresar las emociones o los sentimientos”. Este término fue introducido en la bibliografía médica en 1972 por Sifneos, un médico de Chicago de raigambre griega, a menudo citado como médico grecoamericano, para designar la dificultad que tenían muchos enfermos psicosomáticos para expresar verbalmente sus emociones o sus sentimientos. (Montero Martínez 2002). La alexitimia se define como un déficit comunicativo emocional, asociado con el pensamiento operacional, alta impulsividad y copiosas sensaciones corporales. Se plantea su diagnóstico diferencial con el bloqueo emocional y la depresión atípica.
Es decir que el individuo alexitimico tiene dificultades de caracterizar su propio estado emocional. La persona que tiene estas características de personalidad carece de capacidades de interiorización y de conciencia de los propios sentimientos y estados emocionales, por lo que se guía en su comportamiento por los estímulos externos y por las convenciones sociales. Pueden ser personas aparentemente muy ajustadas socialmente, que sin embargo no se desarrollan en su mundo interno de forma sana. Es precisamente la falta de una inteligencia emocional lo que se describe mediante este concepto, La inteligencia emocional es la habilidad para utilizar la información emocional para orientar el pensamiento y las acciones de manera constructiva y adaptativa. Una de las sub‑áreas de la inteligencia emocional es la percepción, o la capacidad de identificar correctamente las emociones en sí mismos y otros.
Si bien han elaborado numerosas hipótesis etiológicas para explicar su origen, más recientemente, diversos autores (Martin y Pihl, 1985; Martínez-Sánchez y Fernández Castro, 1994; Berenbaum y Prince, 1994; Roedema y Simons, 1999; Suslow, 1998) han propuesto la consideración de la alexitimia como un trastorno específico del procesamiento de la información emocional, manifestado mediante una marcada dificultad para procesar información de carácter afectivo, que provoca que las emociones se mantengan parcialmente indiferenciadas y pobremente reguladas (Taylor, Bagby y Parker, 1997).
El perfil de la personalidad alexitímica reside en la afectividad, en forma de una incapacidad para identificar, reconocer, describir o nombrar los sentimientos o las emociones propias y de una dificultad para captar los estados emocionales ajenos, o sea, en conjunto una conciencia emocional precaria. Por ello, los alexitímicos han sido también denominados “Afásicos de sentimientos” o “Afásicos afectivos” . Al tiempo, tienen un pensamiento concreto, detallista, apegado a lo inmediato, desprovisto de fantasías, de abstracciones y de dudas, y conducente con rapidez a la acción, por lo que se le define como un pensamiento operativo o instrumental, enmarcado en un estilo cognitivo pragmático y directo. En su expresividad sobresale la penuria en la mímica, la gesticulación y la palabra, y la utilización de un lenguaje lento, aprosódico (sin cambios en el tono de la voz), detallista y reiterativo, todo lo cual se traduce en una pobreza comunicacional. Su corporalidad es el escenario que acoge una amplia repercusión de las emociones en forma de somatizaciones, de suerte que el lenguaje vegetativo sustituye al lenguaje verbal y amenaza a los órganos más vulnerables con la producción de una disfunción o una lesión, como consecuencia de una corporalidad somatizada. (Fernandez, 2011).
Ya hemos mencionado que la alexitimia es aquello contrario a la inteligencia emocional, que a su vez está relacionado en gran medida con una parte fundamental de la conciencia, como Locke definió “Conciencia”: la percepción de lo que pasa en la propia mente del hombre. (Escotto-Cordoba, A. y Grande-García, 2005). En este sentido la ausencia de la capacidad de identificar los sentimientos propios y ajenos implica sesgos cognitivos y reside en una conexión funcional insuficiente entre ambos hemisferios cerebrales, e implica una falla y deficiencia en la conciencia del individuo.
Referencias bibliográficas.
Bagby, R.M., Taylor, G.J. y Parker, J.D. (1994). The twenty-item Toronto Alexithymia Scale-II. Convergent, discriminant, and concurrente validity. Journal of Psychosomatic Research, 38(1), 33-40.
Escotto-Cordoba, A. y Grande-García, I. Vicisitudes históricas en el estudio de la conciencia, en (Escotto-Cordoba, A. y Grande-García, I. (editores) (2005) Enfoque sobre el estudio de la conciencia. México: UNAM- FES-ZARAGOZA.
Fernández, F.A. (2011) La alexitimia y su trascendencia clínica y social. Revista Salud mental, XXXIV.
Gómez, B. y Salgueiro, M.D. (2007) Terapia cognitiva y medicación: un dilema en la trinchera. Revista Argentina de Clínica Psicologica, XVI, 205-218
Mestre, J.J. y Palmero, F. (2004). Psicología. La ciencia de la mente y la conducta. México: Manual moderno.
Montero Martínez, J. M. (2002) Sesgos cognitivos en el reconocimiento de expresiones emocionales de voz sintética en la alexitimia. Psicothema, XIV , 244-297.

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